Por qué mi generación no hereda nada

Un análisis sobre la brecha generacional económica y por qué el concepto de herencia se ha vuelto irrelevante para los jóvenes de hoy.

1 min de lecturaVivienda
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No heredamos casas. No heredamos estabilidad. No heredamos certezas.

Heredamos deuda climática, pensiones quebradas y un mercado laboral diseñado para exprimirnos. Y aun así, nos piden que seamos optimistas.

El mito de la meritocracia

Nos vendieron que con esfuerzo llegaríamos. Que estudiar garantizaba un futuro. Que trabajar duro abría puertas. La realidad es otra: tenemos más formación que cualquier generación anterior y menos capacidad adquisitiva que nuestros padres a nuestra edad.

Los números no mienten. Los hogares de menores de 35 años tenían en 2022 un 73% menos de riqueza neta mediana que los de su edad en 2002, ajustado por inflación. No es falta de esfuerzo. Es un sistema diseñado para extraer valor, no para distribuirlo.

La vivienda como síntoma

El precio de la vivienda es el termómetro perfecto de esta crisis. En las grandes ciudades, comprar un piso requiere 15 años de salario íntegro. Hace treinta años, eran 4.

No es un problema de oferta y demanda. Es un problema de concentración de riqueza. El ladrillo se ha convertido en el refugio del capital, no en el techo de las familias.

Qué podemos hacer

Primero, dejar de aceptar las reglas de un juego amañado. Segundo, organizarnos. Tercero, proponer alternativas reales.

Este blog nace para eso: para pensar en voz alta, cuestionar lo establecido y construir argumentos sólidos. Sin herencia no significa sin futuro. Significa que el futuro nos lo tendremos que inventar nosotros.


Este es el primer artículo de Sin Herencia. Cada semana, uno nuevo.

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