No heredamos casas. No heredamos estabilidad. No heredamos certezas.
Heredamos deuda climática, pensiones quebradas y un mercado laboral diseñado para exprimirnos. Y aun así, nos piden que seamos optimistas.
El mito de la meritocracia
Nos vendieron que con esfuerzo llegaríamos. Que estudiar garantizaba un futuro. Que trabajar duro abría puertas. La realidad es otra: tenemos más formación que cualquier generación anterior y menos capacidad adquisitiva que nuestros padres a nuestra edad.
Los números no mienten. Un joven de 30 años en 2025 tiene un 60% menos de patrimonio que alguien de la misma edad en 1990, ajustado por inflación. No es falta de esfuerzo. Es un sistema diseñado para extraer valor, no para distribuirlo.
La vivienda como síntoma
El precio de la vivienda es el termómetro perfecto de esta crisis. En las grandes ciudades, comprar un piso requiere 15 años de salario íntegro. Hace treinta años, eran 4.
No es un problema de oferta y demanda. Es un problema de concentración de riqueza. El ladrillo se ha convertido en el refugio del capital, no en el techo de las familias.
Qué podemos hacer
Primero, dejar de aceptar las reglas de un juego amañado. Segundo, organizarnos. Tercero, proponer alternativas reales.
Este blog nace para eso: para pensar en voz alta, cuestionar lo establecido y construir argumentos sólidos. Sin herencia no significa sin futuro. Significa que el futuro nos lo tendremos que inventar nosotros.
Este es el primer artículo de Sin Herencia. Suscríbete a la newsletter para no perderte ningún análisis.